Las mates sirven para algo
Es innegable que las matemáticas generan rechazo. Su dificultad hace que muchas personas las aparten casi de inmediato, como si fueran un lenguaje incomprensible reservado para unos pocos. Pero esta actitud crea un círculo vicioso: cuanto más se evita enfrentarlas, más difícil parece abordarlas. Sin embargo, lo cierto es que las matemáticas están hechas por personas y para personas. Con empeño y dedicación, cualquiera puede entenderlas. Y, más aún, disfrutarlas.
Es curioso pensar en cómo las matemáticas pueden unir a la gente. Las competiciones, como las Olimpiadas Matemáticas o los concursos de resolución de problemas, reúnen a personas de todas las edades con un objetivo común: disfrutar de los retos que plantean. Estos eventos no son solo un escaparate de talento; son un recordatorio de que las matemáticas también pueden ser una actividad compartida, incluso divertida.
Aun así, entiendo el escepticismo. Muchos dirán: «No necesito la fórmula de segundo grado para ir a comprar el pan». Y tienen razón, probablemente no. De hecho, podría decirse que la regla de tres es la verdadera heroína del día a día. ¿Cuántas veces la hemos usado para calcular un descuento o ajustar una receta? Pero reducir las matemáticas a lo que usamos explícitamente sería simplificar demasiado su importancia.
Lo esencial de las matemáticas no es memorizar fórmulas o resolver ecuaciones repetitivas. Su verdadera utilidad radica en cómo moldean nuestra forma de pensar. Nos enseñan a razonar, a ser lógicos, objetivos y a ordenar nuestras ideas. En un mundo donde todo parece caótico y desorganizado, esa habilidad es más valiosa que nunca. Las matemáticas nos dan herramientas para enfrentarnos a problemas complejos, no solo en un papel, sino en la vida misma.
Además, hay una belleza en el acto de resolver un problema. Ese instante en el que todo encaja, cuando descubres que la respuesta no solo está ahí, sino que tiene sentido, es una de las experiencias más satisfactorias que se pueden vivir. No es cuestión de encontrar un número, sino de entender el camino para llegar a él.
Por eso, aunque puede que no recuerdes la fórmula de una hipérbola dentro de unos años, lo que te enseñan las matemáticas trasciende lo inmediato. Las mates sirven para algo. Te ayudan a pensar mejor, y eso, en cualquier ámbito de la vida, es invaluable.
